1984

El film 1984 es una adaptación de la novela distópica de George Orwell sobre una sociedad dominada por un régimen totalitario, en el que la Gran Cola (Big Cola) todo lo vigila y todo lo controla, asegurándose de que la ley de sólo tomar Big Cola sea cumplida. Según el argumento, Big Cola llega al poder luego de una revuelta social que siguió a la Segunda Guerra Refrescante y está permanentemente en guerra con las otras dos superpotencias mundiales: Pepsi y Coca-Cola.

La sociedad de los bigcolenses se divide en:

  1. El Fondo de la Botella o Partido Interno, que corresponde al 2% de la población de Bigcolandia, y son las personas que ostentan el poder y quienes fabrican la Big Cola.
  2. La Botella o Partido Externo, que corresponde a un aproximado del 10% de la población de Bigcolandia, y son la clase media burocrática que conforman la fuerza laboral del partido. Ellos son los que distribuyen y beben la Big Cola.
  3. La Tapa o Proles, que son el resto de la población sumida en la más precaria existencia, y quienes no valen nada para los intereses y acciones del Partido. Ellos pueden beber agua, cerveza, vodka, champaña o kool-aid si les da la gana y nadie los acusará de unbigcolacrime.

Para mantener el control sobre las mentes del Partido Exterior, Big Cola cuenta con:

  • La bigcolalengua (bigcolaspeak): un dialecto derivado del inglés cuyo único verbo es “beber bigcola” o “bigcolear” (to bigcola), y dependiendo de ciertos afijos, puede adoptar un centenar de connotaciones más, todas relacionadas con beber Big Cola (por ejemplo unbigcola es todo aquél refresco que no es Big Cola, o unbigcolacrime, que es el crimen o la acción de cometer el crimen de tomar una unbigcola). La idea es reducir el alcance del idioma para, en la misma medida, limitar el alcance de las ideas que una persona bigcolahablante pueda expresar. Evidentemente, Big Cola quiere que la gente sólo pueda pensar en tomar Big Cola.
  • Propaganda por doquier mostrando una refrescante botella de Big Cola y el ubicuo slogan: “BIG COLA IS WATCHING YOU” (“Big Cola te vigila”), así como las siempre vigilante telepantallas (telescreen, televisores bidireccionales que usa la Policía de la Ingesta para monitorear el correcto consumo de refresco en Bigcolandia).
  • Los 2 minutos de sed, donde la gente acude semanalmente en masa a los cines y se proyectan 2 minutos de propagandas de otros refrescos, incitando al odio entre los espectadores, quienes se quejan del alto precio de la competencia y de “lo muy grandote que ponen a la Coca Cola en la Fábrica de la Felicidad, cuando en realidad es una piche botellita de medio litro” (en bigcolaspeak: “the so big of unbigcola bigportraying in Bigcolaness* Factory, when it’s really an unbig half liter bottle”).

*en bigcolaspeak, bigcolaness se traduce como felicidad.

Odios interrumpidos

- (…) ¡Y no me llames más, perro inmundo! ¡Arrastrado!

- ¡¿Arrastrado?! ¡Te lo juro, mujer, que ésta es la última vez que te hablo! Y sólo te llamo para avisarte dejaré de una vez por todas esa casa maldita, que todos estos años fue el nido de tus rencores, de tus rechazos, de tus incesantes reclamos y críticas, de tu veneno, porque eso eres tú, una víbora que lo que hace es escupir veneno sobre mí… pero ya no más, ya se te acabó, ya no me verás ni una sola vez más entrar en esa casa para que me quites mi dinero, que tanto esfuerzo me vale, pa’ que lo botes y luego digas que yo soy un perro abusivo, ¡abusivo! ¡Habrás visto! ¿Quién es la abusiva? ¡Tú, mujer! ¡Tú! ¿Y sabes que es lo peor de todo? Que caí a ti, a tus pies, te ofrecí todo de mi, te lo he dado, he dedicado todas mis fuerzas para verte y hacerte feliz y tú sólo me has retribuido con sucias palabras cada noche, cuando llego cansado del trabajo; de ti sólo tengo nada, un infierno, una vida estresante, ¡tú me estresas, mujer! ¡Me haces infeliz! Pero ahora más infeliz serás tú… ya se te acabó la papa pelada de siempre, de tú estar echada en tu cama viendo novelas y engordando como una desgraciada… ¡Anda a ver quién carajo te va a mantener las dos malditas cajas de cigarros diarias que te fumas! Quédate con tu vida desdichada, húndete en tu propio egoísmo… muere con tu propio veneno… ¡Víbora! ¡Perra! Ya ahora estaré libre de ti… ¡al fin acabaré con toda esta farsa! ¡Ya te ha llegado el momento de…

- Disculpe, usted no tiene suficiente saldo para continuar esta llamada. Por favor, aplique una nueva tarjeta.

Cuestiones de ortografía

Hay gente que necesita saber que: por mucho que insistan en consejos prácticos y ejemplos concisos para corregir a los erráticos crónicos de la ortografía, el verdadero cambio ocurre cuando la gente es consciente de la importancia del uso correcto del idioma escrito.

Un mensaje derivado de un pensamiento mayormente fonológico, deja ver la incapacidad del individuo para diferenciar los conceptos de sus sonidos.

Por el contrario, un mensaje escrito sin ambigüedades introducidas por errores ortográficos o el mal uso de los signos de puntuación, es garantía de un buen entendimiento y demostración de una excelente capacidad para manejar y expresar las ideas.

Contrastar “Hay” y “Ay” frente a una audiencia desentendida de la mecánica del idioma no creo que sea la mejor solución.

Head&Shoulders

- Dame un poco de agua.
- ¿Cómo es que tú, siendo judío, me pides agua a mí, siendo yo una mujer samaritana?
- Es que necesito lavarme el cabello con el nuevo Head&Shoulders antes del sermón de hoy.
- ¿Qué? ¿Head&Shoulders?
- Si, ahora con nuevos extractos de frutas, con sólo una aplicación, más nunca necesitarás lavar tu cabello, teniéndolo limpio y sedoso por toda la eternidad.
- ¿Puedo tener un poco de este maravilloso shampoo, Oh Señor?
- ¡Por supuesto, mujer! -ahora viendo a la cámara- Head&Shoulders, La solución sensible para un cabello hermoso y sin rastro de caspa.

Tapas

Siempre he tenido algo de roce con las tapas. Considero que son los objetos más cínicos jamás creados. ¿Acaso no los ves? Ahí… con esa imagen de “todo lo tapo, todo lo contengo, todo lo protejo” y en realidad todo estaría bien si no existiesen los tropiezos, las alturas, los ajetreos, las moscas. Pudieran ser ellas tan prescindibles de no ser por la mente perversa de algún cavernícola capitalista que se le ocurrió *tapar* algo y crearle la supuesta necesidad a todo el mundo de *tapar*. Y creó la tapa, ¿no te digo yo?

Ahora bien… ¿por qué la rencilla? ¿es que acaso las tapas no han hecho tanto por mí sin alguna vez quejarse? Pues resulta que cuando más he puesto mi confianza en ellas, arriesgándo preciosos cargamentos, suelen, tan laxas ellas como de costumbre, olvidarse por un momento de sujetarse donde deben, jubilándose un rato de su labor, y dejando escapar cuanta cosa manche, ensucie, moje, moleste… y no avisan. Al menos puedo estar de acuerdo con un bebé, que llora al más mínimo resquicio de excremento, pero ¡no! las tapas no avisan su incumplimiento.

¿Y saben que es lo peor? Que cuando se salen y dejan escapar el contenido del recipiente se inmutan ante tu frustración, tu rabia… se te quedan mirando con ese cinismo mudo que grita “ja! yo no te mandé a ser una mami que no puede *tapar* bien un pote”. Si, señores. Y el enojo se incrementa más cuando el ambiente se inunda de vergüenza al tener alguien al lado, generalmente una persona mayor, que con su cara llena de barata prepotencia te dice:

-¿Ves lo que pasa por no *tapar* el pote con fuerza? ven acá… yo te lo cierro. ¡así! ¡como un hombre! Toma. Ahora limpia todo eso. ¡Uy, Dios! ¡mira como se te llenó el bolso de porquería! ¡y se te regó por la espalda! ¿y usted, muchacho, porqué lleva eso mal *tapado*, eh?

Así que no queda más que tragarse todas las malas palabras, porque aparte de todo esto que les digo, las muy descaradas, aún haciéndolo con toda la intención, se hacen las que no saben. “Yo sólo soy una *tapa*… una cosa ¿qué te sucede? Ni que tuviera voluntad propia”. Definitivamente odio las tapas. Odio sus engaño tan vil y descarado, aunado a sus ganas de querer parecer necesarísimas para todos y para todo. Psss!!

Mientras tanto, me dedicaré a inventar un reemplazo eficaz.

Best Seller Musical

Ya llegó! La Serie 32 del Folklore! Con lo mejor que tiene para nosotros el saber del pueblo. Un disco de colección que incluye grandes éxitos refraneros tales como…

  • Cachicamo diciéndole a morrocoy conchú’o
  • Árbol que nace torcido nunca su rama endereza
  • Mejor pájaro en mano que ciento volando
  • Dios le da pan al que no tiene dientes
  • Más perdido que enano en procesión
  • Camarón que se duerme que se lleva la corriente
  • Se quedó como novia ‘e pueblo

…y el querido por todos…

  • A Dios orando y con el mazo dando

…además de otros 25 éxitos clásicos del dicharachero ¡Corra ya a su discotienda favorita antes de que se agote! y disfrute de su Serie 32 del Folklore.

Vigilado

Comencé a sentir que me miraban. Era incómodo. Muy, muy incómodo. Sentía que un par de ojos curiosos me escudriñaban en detalle todas mis formas… mi rostro y mis movimientos estaban a merced de la vista de alguien más. Alguien que -¿quién sabe?- lo haría por simple accidente… pasaría su mirada perdida por doquier y de repente la detuvo en mi… o probablemente deseaba verme desde hace tiempo con ansias, pero no se atreve a acercarse por alguna razón -demasiada emoción, tal vez- o simplemente es alguien que no quiere mostrarse ante mi, pues utiliza su lugar apartado y escondido para observarme con detenimiento, para vigilarme, mientras cubre en el silencio y la oscuridad su risa burlona, su envidia, sus rencores. No lo sé… pero he llegado al punto en que me está perturbando. ¿Quién me mira? ¡Hey! ¡tú! ¡quienquiera que seas! ¡sal de tu escondrijo! ¡revélate ante mis ojos como yo ante los tuyos! Sean cuales fuesen tus intenciones… ven… acércate: estoy dispuesto a escuchar… no tengo nada que temer, porque… ¡ay, carajo! tenia la webcam prendida….

Finales absurdos

Parménides Alonso Jiménez, hombre ilustre del páramo andino, quien muriera, a según, por absorber el arsénico de las tintas del periódico de tanto pasar las páginas con la acostumbrada humectación de su pulgar izquierdo con saliva, había dejado una valiosa fortuna en cuajada y queso de año, que mortificaron en vida a Parménides, pues sin un heredero ni sucesor, sabía él, inevitablemente se quedarían por los siglos de los siglos en su nevera sin ser disfrutadas en lo absoluto, o peor aún: se pudrieran al poco tiempo de que suspendieran su contrato de electricidad por su defunción y su nevera dejara de enfriar.


Julieta del Pilar Mesa fue despedida de su cargo como operadora de una conocida línea telefónica de información, pues cada vez que la gente llamaba solicitando cualquier dato, ella respondía muy grosera e intempestivamente cosas como “¿y qué voy a saber yo?” o “vaya su abuela a saber”. Hoy en día vive comiendo en los restaurantes de lujo de la capital pagando la cuenta con sus servicios como lavaplatos y robando ropa de las tiendas que aún no tienen ningún sistema de seguridad.


El Sr. Ruiz jamás pagó el derecho de frente, y es por eso que, por la falta de información y la poca motivación suya de saber lo que no sabe, Ruiz jamás quiso salir a la calle, temiendo que los agentes del fisco le quitaran el único medio que tenía para contener los sesos dentro de su cabeza. Murió escondido en el sótano de su casa por la falta de sol, ya que lo que nunca se supo sino hasta su muerte, es que el Sr. Ruiz necesitaba hacer la fotosíntesis.


Juan María Herrera, joven de pobres condiciones de las zonas rurales del país, tenía placer de meter caraotas y arvejas en sus fosas nasales desde muy niño. Estaba tan acostumbrado a tal actividad que un día de esos olvidó sacarse unos quinchonchos. Estos comenzaron poco a poco a germinar, hasta que Juan María se dio cuenta de que una ramita comenzaba a salir de su nariz; Juan María se la sacó, pero pronto pensó que sería un buen negocio tener un conuco en su cabeza, así que, no sólo su “respiradero”, como el lo llamaba, sino también sus oídos, comenzaron la formidable producción de granos, tubérculos y algunas verduras que vendía a buen precio en el mercado municipal. Murió cuando una de las matas de yuca que se sembró le invadió el cerebro.

Año Nuevo…

(…)
A: ¡Jaime! ¡Jaime! ¡Reacciona!
B: ¡Rápido! ¡Alguien sáquele las uvas de la garganta! ¡Se ahoga!
C: ¡Jaime! ¡Respira!
A: ¡Coño ‘e la madre! ¡Jaime!
D: ¿Qué pasa mami? ¿por qué tanto ruido?
A: ¡Papi, Papi! ¡Vaya para allá! ¡Su hermano está ahogándose! ¡No se atraviese!
C: ¡Coño! ¡Váyase para allá, Danielito! ¡Tú, Rosa! ¡Ven ayúdame a levantarlo!
B: ¡Ráaapido, Ernesto! ¡Se pone azul! ¡Se nos muere el muchacho!
A: ¡Ernesto! ¡Se nos va! ¡Pior Dios! ¡Sácale esas malditas uvas del cuello!
C: ¡Uno!… ¡Dos!… ¡Coño!… ¡No salen! ¿qué coño hago?
B: ¡Se mueeereeee!
C: ¡Coño Herminia! ¡Cállese la boca! ¡¿No ve que estamos con Jaime mal?!
A: ¡A mi madre no la trates así, Ernesto!
C: ¡Ah, Verga! ¡Entonces que se calle la vieja esa! ¡Me tiene verde!
A: ¡Ay Ernesto! ¡Anda a faltarle el respeto a la puta ‘e tu madre!
B: ¡Ahhhh!
C: ¡Vuelve a gritar la vieja loca esa y le caigo a coñazos!
A: ¡Mira coño ‘e tu pepa! ¡Cuidado con los que dices, que ya me estás arrechando!
D: Mami…
A: ¡Vaya pa’llá hijo! ¡No moleste!
C: ¡Tu tambíén vas a joder! ¡Váyase pa’ su cuarto ya, no joda!
A: ¡Ernesto! ¡Al niño lo dejas quieto! ¡El no tiene la culpa!
C: ¡No me jodas! ¡Yo grito aquí lo que me dé la gana!
A: ¡Tu puta madre, no joda! ¡Aquí tú no gritas más que yo!
D: Mami…
C: ¡Verga, carajito! ¡vete a tu cuarto YA!
A: ¡Ahora sí que me hiciste arrechar!
(cachetada)
C: ¡Bueno puta ‘e mierda! ¡¿Qué coño te pasa?! Tú te lo buscaste…
(puñetazo)
D: Mami… no pelees… ¡Maaamiiii!
A: ¡¿Qué?! ¿Qué coño quieres tu también carajito?
D: Mami… ya Jaime está muerto…

Pesadilla

Sabía que ella quería algo conmigo. No me hubiera negado de no ser por aquél horrible par de tentáculos que por manos tenía, e incansablemente movía de forma repugnante, atenuado por el aspecto nauseabundo de su rostro cíclope, que, aunque tenía los 32 dientes que uno esperaría en un ser humano normal, su sempiterna espuma bucal, su sólo ojo y las branquias tras su orejas, definitivamente me hacían dudar de la posibilidad de abrirle mi corazón, pues… ¿de qué vale el amor, si mi tormento será eterno o, al menos, hasta la muerte, teniendo a mi lado a semejante esperpento que lastima mi vista cada vez que lastimosamente le veo?

Era linda en alguna forma no física, era tierna como ninguna otra, aunque sus seis piernas eran ciertamente algo anormal y asqueroso, destilando siempre una baba que a cada paso dejaba como vestigio de su infortunada caminata por la vida, con la forma casi exacta de sus pies, como huellas, por el suelo en el que se desplazaba… y ¡vaya qué olor el que despedía su larga cabellera! que era el escondrijo de porquerías y alimañas, y de uno que otro piojo que a su podredumbre aguantara por al menos un segundo…

Le gustaba susurrarme al oído convenciéndome de lo muy feliz que sería a su lado por el resto de mi existencia, y que, pasara lo que pasara, ella siempre daría todo por verme sonreír, por complacerme… lo decía, y su único ojo, a pesar de la catarata que le opacaba su mirada siempre perdida, brillaba de tanta pasión y se llenaba de sucias lágrimas y algo de las lagañas que nunca en la vida quiso limpiarse.

Era inigualable la forma tan poética en que expresaba sus sentimientos por mí, su amor se desbordaba, amor, cuyo único dueño fui yo. Ella jamás pensaba en otro hombre sino yo, pues yo era su vida… y en algún momento, ella fue la mía… aun cuando su bizarra figura casi mitológica se hacía presente cada noche en mis sueños, haciéndome levantar de golpe, sudoroso y temblando, muerto del miedo.

Fue tan especial y dedicada, que un día decidí que sería mía, y yo sería suyo… no vacilaría más y me entregaría, para corresponder a tanto cariño y consideraciones que ella me ofrecía sin esperar nada a cambio, excepto… yo mismo…

Y fue ese día de entrega, en que decidí que mi amor sería sólo para ella, que me devoró casi entero y luego regurgitó, para alimentar a sus doscientos cincuenta hijos…

Discurso trillado

Ya estoy cansado de la masa… de ese revoltijo de cosas sin sentido que somos todos, y de lo que difícilmente podemos diferenciarnos, pues cualquier intento de hacer de todo esto algo mejor es instantáneamente hecho pedazos por aquella maraña brutal de pensamientos vacíos y de voluntades guiadas por la nada. La negligencia, la despreocupación, la indiferencia, la ignorancia, la falta de pasión y, sobre todo, de un norte, de un objetivo bien claro, son los ingredientes de ése bárbaro y atroz cóctel que embriaga a la humanidad en más y más perdición, la hunde en las traicioneras arenas movedizas de su autodestrucción… no hay nada que hacer al respecto más que aceptarlo, no rendirse… no resignarse, pero menos aún creer en la posibilidad de cambio de esa masa maligna; hay que hacer las buenas y pequeñas cosas sigilosamente, por uno mismo y sin hacer mucho escándalo de ello, que así, y poco a poco, socavaremos los cimientos de este caos.

Estándar

- Buenos días, con su permiso…
- Ah, buenos días. Pase.
- Gracias.
- Espero un momento, señor… ¡ey! disculpe…
- Ajá, ¿dígame?
- Lo lamento, señor, pero me temo que no puede pasar. Usted no es estándar.
- ¿Pero cómo que no soy estándar? ¿qué significa eso?
- Mírese… no reúne, así, a simple vista, los atributos mínimos para ser estándar.
- ¿Y desde cuándo hay un ser humano estandarizado? ¿qué clase de abuso es éste?
- Abuso no, señor. Es sólo que usted es un elemento inferior de ésta sociedad y sólo personas con características de calidad estándar pueden ser admitidas en sitios como éste.
- ¡Habrase visto! ¡esto es el colmo! ¿ahora el que no es estándar no tiene derecho? ¡eso es discriminación! ¡fascistas! ¡ja! Estándar… eso es absurdo.
- Señor, señor… no se altere, le ruego. Mi intención no es ofenderle ni atropellarle… ya estamos en pleno siglo XXI y la humanidad está llena de tantos individuos insuficientes… eso va contra natura, la selección natural, la misma evolución…
- ¡Pero cómo…!
- Espere, señor. Déjeme explicarle. La sociedad está en decadencia, pues sus elementos más valiosos y productivos son quienes ven agotados sus ingenios y esfuerzos para el beneficio de todos, incluyendo los seres defectuosos, congénitos o genéticos, los analfabetos sin remedio, los de bajo nivel de conciencia, los inmorales, los antiéticos, los mediocres, los avaros, los irresponsables, los sembradores de odio e intrigas y los feos, muy gordos o muy flacos, o bajísimos o altos hasta el techo, los de dentadura desviada o los faltos de sex appeal. Son tantos y se reproducen sin control, que acabaremos por ser una raza maldita, condenada a su autodestrucción. Una vez que nosotros mismos tomemos las riendas de nuestra propia evolución, el futuro de la humanidad estará asegurado, y finalmente rebozaremos de orgullo ante una organización mundial de personas comprometidas con el avance y progreso común, de todos, del colectivo, sin ninguna clase de intereses ambiciosos; únicamente por amor a su especie y la preocupación por las generaciones futuras. ¿No le parece maravilloso eso?
- ¡Calla, impertinente! ¿te crees con la autoridad de colocarme como la basura de este mundo? ¿ah? ¿te crees con el derecho de juzgarme, de etiquetarme, de clasificarme y entonces limitarme, marginarme y despreciarme?
- No, señor… sé que es difícil aceptarlo, pero…
- ¿Aceptar qué? ¿que soy desperdicio? ¡No sigas! Carajo… ahora resulta que tengo que calarme esto pa’ entrar a un baño público…

Cúa

Imagine un momento que vive en mi pueblito, donde la luz puede irse cada dos días por todo un día (y a veces dos). Vea como en su casa, que durante esta imaginación está en mi pueblito, en el transcurso de un apagón dominical, no se oye nada más que lo pasos de sus habitantes, las voces de los vecinos en las casas aledañas y los ladridos de su perro (si alguno tiene). Sienta como el calor le invade desde todos los flancos, le sofoca sin piedad y le hace sudar, volviéndole una fuente de exquisitos olores, que para los zancudos es señal de alguien gustoso, de buena sangre. Aparte de las más de veinte picadas de zancudo que ahora usted tiene, corra al grifo de agua más cercano a usted y ábralo, sólo para que se dé cuenta que el agua no vendrá en los próximos dos o tres días… ¿quién sabe? Ahora deberá sufrir con la sola botella de agua que queda en la nevera y con la que debe abastecerse usted y cuatro habitantes más de su casa en los próximos días, si no es que va al pueblo a comprarla, por un precio un poco desfasado. Recuerde, cuando insistentemente pite su celular, que anoche olvidó poner a cargarle la batería, y que ya dentro de un par de mensajes de texto o veinte segundos de llamada quedará incomunicado. Olvídese de tocar el botón de encendido de su televisor, porque no habrá fuerza en el mundo que lo encienda sin electricidad, y angústiese al pensar que los cinco kilos de carne, del mercado de ayer, en su refrigerador, están en peligro de podrirse sin que dure el tiempo esperado (generalmente el resto de la quincena). Dado que usted suda mucho en mi pueblito, cada pieza de ropa no le ha de durar más de un día, incluso, menos que eso… entonces verá cómo, no sólo los suyos, sino los vestidos de toda la familia han copado todas las cestas de ropa sucia, y ya que nunca existieron –y no creo que jamás existan- las lavadoras de combustión interna o vapor, deberá resignarse a andar con el mismo trapo hediondo y usar la misma ropa para salir más de una vez, mientras su lavadora descansa durante el apagón. No habrá mucho ánimo de conversación y nada de música, así que vea como regresan los más inquietantes temores bicentenarios frente a la oscuridad de la noche, a sus ruidos y sus silencios, porque en nuestra trágica imaginación, y así es como generalmente ocurre en realidad, las velas están por consumirse, y gastar los fósforos como sus sustitutos no le dejará prender la cocina para hacer la cena, a la cual, después de todo, y para alegrarle el apagón, jamás le falla el gas.

Carta a Jhanan #18 – Fragmento

(…) Se dice que las cucarachas pueden resistir la radiación en el ambiente, posterior a un holocausto nuclear. Me consta que sí porque las he visto pasar por encima de mis caraotas con arroz dentro del horno microondas como si nada –¡esas desgraciadas!- El asunto es que cuando nosotros solo seamos un pequeño remanente de algo tan grande, de la humanidad que hoy gobierna la Tierra, y las cucarachas tomen el control de todo como la nueva especie dominante… ¿qué sucederá? ¿Te imaginas los comerciales de control de plagas? (porque sé que ellas llegarán a tener televisión y otros medios masivos y nosotros no; los pocos sobrevivientes humanos vivirán en pequeños atolones en medio del Pacífico y 1500 carajos no reconstruirán 5000 años de progreso así como así). La vaina sería así: “Nuevo Raid® Homicida – Los mata tan rápidos que se ven caer. Ahora con fragancia de Suciedad y su efecto sigue matando hombres hasta por tres semanas”. Ahora… supongamos que lo de la radioactividad no es del todo cierto y las coños ‘e madre son ahora de cómo 10 metros de alto, producto de las altas radiaciones y los efectos en sus genes; Nosotros en sus casas, dentro de sus despensas de comida y por los rincones más recónditos, royendo todo e impregnándolo con olor a violín o sudor, no sé, porque ellas también tienen su olor del coño que todo lo pone repugnante. Los momentos de mayor angustia sería cuando prendieran la luz: todos corriendo a esconderse y salve Dios de no atravesarnos entre una de sus patas y el suelo. Aunque a ellas se les haría más difícil destriparnos, porque tenemos esqueleto de carbonato de calcio, y más asqueroso todavía, porque nosotros no sólo manchamos de rojo sanguíneo: somos una amplia policromía de tonos orgánicos, que van desde el gris cerebral a los azules, verdes y castaños del iris, pasando por el amarillo de nuestros lípidos y el negro biliar. Existirán perolitos como el PestXit Ultra, la vaina esa de ultrasonido para alejar a las plagas, pero en vez de un pitido insoportable le pondrán una grabación de 30 segundos de música vallenata. Y siempre habrá alguna ociosa –cucaracha- haciendo de chef exótico, de esos que cocinan insectos y güevona’s de esas, aunque en este caso seremos nosotros, ¡ensartados en palillos! ¡rostizados! Lo bueno es que nosotros no sonamos ¡crack! cuando nos muerden. Y las muy desgraciadas hablando de cucarachonalidad, como si fueran los únicos seres vivos con psique compleja. Y se morirán del horror cuando nos vean por ahí, gritando: ¡mata a ese maldito hombre, Juan! Y tengo indicios de que las cucarachas hablarán Esperanto, no Inglés, como piensan algunos por ahí. Así pues no habrá más malentendidos y todas hablarán la misma lengua, así que se consolidarán en una república mundial basadas en principios de hermandad, solidaridad, respeto, consideración, cooperación, libertad, igualdad y otros valores cucarachísticos. Las muy pendejas instituirán el concepto Cucarachanidad, y habrá alguna que otra cucaracha que llegue a la luna y diga: “este es un pequeño paso para la cucaracha, pero es un gran vuelo para la Cucarachanidad”. (…)

¿Me amas?

"¿Me amas?", preguntó. Sus ojos se mostraban iluminados, esperando unas palabras, al menos una sola, la que ella esperaba, del hombre delante de ella. Sin embargo, éste se mostraba inmutable, con una mirada fría, y aunque en perfecta conexión con la de su amada, se negaba a proferir palabra alguna. El entorno era bulllicioso, estresante, ineludible… pero en ese momento, para nuestra joven, todo era él y ella, en suspenso, buscando en él las palabras que necesitaba escuchar; el silencio del hombre tornó el ambiente tenso; ella estaba a la espera de su respuesta, aunque aún no había palabra que saliera de la boca de su amor. Poco a poco su mirada dejó de tener la misma brillantez de hace unos minutos. Su rostro mostraba la terrible desilusión que invadía su mente al comenzar a creer que todas sus esperanzas y sueños se hacían polvo. La impavidez de él ante tan crucial cuestión la hizo abandonar sus grandes y apasionados sentimientos que habían nacido en ella.

De nuevo preguntó antes de tirar todo al basurero: "¿Me amas?". No tuvo respuesta alguna… siquiera un pequeño gesto o seña de su amado. Estaba inmóvil y sordo ante la tristeza y la decepción de su amada por él. Poco le importó si alguna vez la amó, pues se erguía orgulloso e indiferente ante la vital pregunta de la joven que, con el corazón ya hecho pedazos, soltaba un par de tímidas lágrimas de sus ojos, que ahora reflejaban una completa pérdida, pero que aún buscaban la compasión ante el soberbio patán que ni una palabra quería cruzar con ella.

Ya herida por el silencio de su amado tormento, se dió la vuelta y marchándose del sitio se dijo a si misma con terrible enojo: "¡Puto amor!¡Esto me pasa por enamorarme de un maniquí!".

Relato breve que esclarece el caso la supuesta huida del Prof. Jesuso Yépez

Esto de verdad ocurrió. Resulta que el Prof. Yépez se conoció en toda la zona que desapareciera, según las malas lenguas porque la mujer no le soportaba que anduviera más pendiente de la escuela (aunque más bien de una de las obreras, según decían) y cada vez que llegaba le formaba un zaperoco. Dicen que en una de esas se hartó, porque eran, según el Profe, “los celos propios de la serpentina raza de mujeres de lengua bífida” quienes hablaban por ella, o a través de ella, tal vez, como si estuviera poseída, como a veces apuntaba el Profesor. Entonces muy callado en la madrugada agarró sus peroles y se fue, tal vez a encontrarse con su amor secreto de la escuela donde trabajaba y a vivir felices en algún apartamento en El Valle con el último pago de utilidades que ese día había recibido. Pero la verdad es que no había amor secreto, ni huida de madrugada, ni apartamento en El Valle. Ese señor era más bueno que un cabrito y ese no andaba de infiel ni nada de eso con su esposa. Era puro cuento de la vecina que le calentaba la oreja a la mujer del Profe.

Acontece que el Prof. Yépez estaba tan emocionado con su bañera nueva que se quedó más de la cuenta. Al parecer, el baño de espuma relajante con el que complementó el agua tibia lo tuvo tan relajado en ese rato que, en efecto, su cuerpo comenzó a drenarse por el desagüe poco a poco y sin que se diera cuenta cuando decidió quitarle el tapón a la bañera. Para cuando cayó en cuenta de que él se estaba regando por todas partes y que cada molécula de su cuerpo se disolvía en el agua espumosa y que todo aquello se iba por la tubería, ya era tarde, pues su aguado cuerpo no se contenía en sí mismo y no hallaba como aferrarse a alguna parte para evitar su fuga.

Ahora, desde que se taparon todas las cañerías del edificio dónde vivía el Prof. Yépez, se cree que es porque ya su feliz estado de extrema relajación terminó justo cuando su cuerpo viajaba por el drenaje. Un vecino curioso que vio aquella horrible muerte a través de la ventanilla del baño llamó al cura para que le echara los aceites de la Extremaunción por la poceta y antes de mandar a destapar las tuberías, la conserje organizó un velorio en el punto donde, se cree, el Porf. Yépez obstruyó el paso del agua.

Puta existencia…

Miras hacia atrás y ¿qué ves? ¡Nada! Al final, terminaré compartiendo una sepultura con criaturas que me carcomerán, como burlándose de mi impavidez de muerto; serán criaturas de las más básicas, impulsadas por un vago instinto, sin preocupaciones por el futuro, inconscientes de su propia existencia. ¡Felices serán las malditas! Mientras yo, bien muerto, me hundo en mis problemas y mis angustias, y en las del resto del mundo, y muerto, luego de una vida llena de sueños y esperanzas vueltas polvo, pudriéndose al igual que yo bajo tierra. Porque al final todo es nada. ¡Puta existencia! ¡Puta vida! que nos pones en una carrera contra la nada y la muerte. Toda mi fe, mis energías… ¡al maldito basurero! Vivir no es más que una mentira, un sueño… un puto sueño que te han obligado a vivir y del cual sólo tienes a cambio tanto dolor. Por más que haya de ver realizados todos mis anhelos, todo se irá a la nada… ¡desgracia! Mis energías… puestas en algo tan efímero, tan volátil, tan falso… ¡Todo es una maldita-

De repente, en el apartamento de al lado:

- ¡Ya suicídate, pendejo! Son las doc’e la noche…